Un joven cristiano estaba cantando y tocando la guitarra en la calle. De repente cayó un chaparrón. El joven encontró refugio en la entrada de un edificio. Otro joven, llamémosle Javier, también llegó a aquel lugar para resguardarse de la lluvia. En una breve conversación, nuestro amigo cristiano, para invitar a Javier a leer la Biblia, le dijo: «En la Biblia me gusta mucho leer Romanos 8». La lluvia cesó y los dos jóvenes se separaron, dejando ahí la conversación. Más tarde Javier fue encarcelado.
En su celda a menudo pensó en estas palabras: ¡Romanos 8! Sin mucha dificultad consiguió una Biblia y buscó el libro de Romanos. Pronto llegó al capítulo 8, y poco a poco se sumió en ese texto totalmente nuevo para él. Las primeras palabras parecían estar escritas justo para él, que estaba condenado por los hombres: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús…”. Prosiguió su lectura, aceptó a Dios en su vida y pasó a ser cristiano. Más tarde encontró al joven que tocaba la guitarra. Fue así como conocimos su historia.
No es necesario estar en la cárcel para descubrir las riquezas de este capítulo. Todos necesitamos el perdón, la libertad y la ayuda de Dios:
“La ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte” (v. 2). “El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad” (v. 26). “Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” (v. 31).
Cuando nos acercamos confiadamente ante Dios él no perdona, liberta y restaura, seguir al Todopoderoso es la mejor desición que podemos tomor. Dios los bendiga
Jesus perdona todos nuestros pecados y nos hace libre.
No hay más grande verdad.