La Autoridad de la Iglesia (Parte 1)

Es común leer o escuchar creyentes afirmar con mucha convicción que la Iglesia tiene la total autoridad referido a todo tema relacionado con Dios, su conocimiento, formas de adorar, creer, enseñar, etc…, bajo esta idea iglesias como la Católica-Romana han logrado un único gobierno ordenado logrando eficientemente una jerarquía y única manera de enseñar lo que ellos creen es lo correcto sobre la manera correcta de amar y obedecer a Dios.

Por otra parte los NO católicos abrazan la fiel convicción de que la autoridad no está en la Iglesia sino en la Palabra de Dios, de ella provienen el verdadero conocimiento de Dios y es visible su total autoridad. Este pensamiento ha estado enmarcado por una amplia libertad para que las personas sean capaces de escoger qué camino tomar en cuanto a la manera más correcta acercarse a Dios, no siendo un dogma obligatorio o impuesto por la Iglesia sino por quien lee la Biblia directamente, y aunque esto es muy bueno ha dado al traste a las diferentes iglesias y doctrinas que existen a partir de una misma Palabra de Dios.

Pero los invito a hacer un análisis del tema teniendo en cuenta ambas posturas, analizando cada una de ellas, y al final concluyamos juntos en cuál es la postura más correcta a seguir, según lo que Dios nos muestra.

 Autoridad, ¿qué es? ¿Qué significa?

Según el sitio web católico “Catholic.net”:

la autoridad tiene la raíz en la palabra ´autor´, la cual significa creador u originador. Viene del Latín ´auctoritas´, el poder del creador para ordenar o tomar decisiones. El diccionario lo define como, «el poder que impone leyes, obediencia, ordena, determina o juzga». También significa, «uno que esta investido con este poder, especialmente un gobierno».

Luego de algunas explicaciones lógicas concluye su definición de autoridad afirmando lo siguiente:

La autoridad viene del «Autor de la Vida». Viene de Dios, Rom 13:1.
Toda sociedad viene de Dios, Él nos da el poder.

 La Iglesia Católica asume como declaración de autoridad delegada por Jesús a ellos el pasaje de Mateo 16:18 donde Jesús le dice a Pedro “Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia…” de ahí en lo adelante interpretar otros textos bajo la misma idea ha sido muy sencillo para ellos, pero lo curioso es que a pesar de que afirmar tener toda esta autoridad como Iglesia al mismo tiempo reconocen que la total autoridad es de Dios por medio de su Espíritu Santo, en el artículo antes mencionado el autor afirma en el punto 5 los siguiente:

 “Es el Espíritu Santo el que guía y guarda la Iglesia que Jesucristo fundó.
Él es la autoridad máxima y final”

 Por lo tanto llegado a este punto si hacer análisis profundos de los textos que utilizan para sustentar la autoridad de la Iglesia Católica caemos en un poco de contradicción católica, al afirmar que es la Iglesia por medio de su magisterio y la tradición quienes tiene la autoridad y al mismo tiempo reconocer que es el Espíritu Santo de Dios quien tiene la autoridad máxima y final. Esta afirmación final nos acerca al punto de vista de los NO católicos, los cuales afirman que Dios es el que tiene la autoridad y por lo tanto su Santa Palabra es la fuente de autoridad.

Si el Espíritu Santo es Dios mismo y la Biblia es su Santa Voluntad y Palabra viva, no es descabellado afirmar que es la Biblia la autoridad para los que creen en ella, incluso los Católicos cuando asumen su “autoridad” como Iglesia lo hacen solo porque así lo leyeron en la Biblia, fue en la Biblia en la que encontraron e interpretaron que tiene alguna autoridad, entonces ¿es la Biblia o es la Iglesia?

Un pasaje muy conocido es el que se encuentra en Hechos 15:28 donde los apóstoles y otros hermanos de fe (en su posición de ancianos de la iglesia pudiéramos llamarle) intentaban dar solución a una incorrecta enseñanza que se estaba manifestando entre los hermanos y lo que el texto nos declara es lo siguiente: “Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros…” dejan muy en claro que la autoridad estaba  primero en Dios por medio de su Espíritu Santo y luego le correspondía a la Iglesia en su misión ejercer la autoridad de enseñar correctamente lo que ya Dios había ordenado en su Santa Palabra.

Asumir que como hombres imperfectos y pecadores podemos tomar las riendas de nuestros caminos y vivir acorde a la voluntad de Dios guiados por nuestra “autoridad” es engañarnos a nosotros mismos y ser ciegos guías de ciegos como lo dice Mateo 15:14, hay caminos que los hombres le parece derecho pero su fin en muerte Proverbios 14:12, por naturaleza estamos guiados a hacer lo malo, decía el apóstol Pablo (Romanos 7:18-19):

“Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo.  Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero,  eso hago.”

¿Cómo entonces podemos poner como máxima autoridad a los hombres y no a Dios? Pensar de esta manera no trae consecuencias terribles y caemos en blasfemias tan terribles como las que podemos encontrar en los escritos de la propia Tradición Católica como lo veremos a continuación… (Ver Parte 2)

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