Buscando la verdadera vida

Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros.
Santiago 4:8
Buscad a Dios, y vivirá vuestro corazón.
Salmo 69:32

«Desde mi juventud me hacía muchas preguntas: ¿Por qué existimos? ¿A dónde vamos después de la muerte?
Entonces me puse a leer libros existencialistas que incitan a hacerse más preguntas, pero no ofrecen ninguna respuesta. Quise conocer otras religiones y llegué a vivir entre monjes budistas.
Finalmente, leyendo el Nuevo Testamento, me impresionó cada vez más la persona de Jesucristo. Primero por sus milagros, luego por su sabiduría, por el amor y la libertad de expresión con la que enfrentaba a los religiosos de su tiempo. Decidí, pues, leer toda la Biblia. Nadie influyó sobre mí. Lo decidí yo solo. De repente comprendí que no había otro camino fuera de Jesús. Dios me mostró que debía elegir, entonces quemé todos los demás libros religiosos que poseía. Pero aún permanecía turbado.
Oré a Dios: Haz algo por mí, Señor. Leí en tu libro que tenías discípulos. Si aún tienes algunos hoy, permite que encuentre aunque sea uno que me pueda ayudar.
No hablé con nadie, pero dos días más tarde, mientras hacía auto stop, un hombre me llevó en su carro y me dijo: Soy cristiano. Creo en el Señor Jesucristo. Él es mi Salvador… Y me anunció el Evangelio.
Feliz de ver que Dios había respondido mi oración, comprendí que él se interesaba por mí».
«En el transcurso del viaje le expliqué al cristiano, que tan gentilmente me llevó en su vehículo, que yo conocía un poco la Biblia pero que mis preguntas seguían sin respuesta. Entonces me citó algunos versículos de la Biblia, me habló del problema del pecado y me mostró claramente lo que me impedía encontrar el camino de la vida eterna: Entre tú y Dios hay un muro, es todo el mal que has hecho. Lo que Dios te pide es que te arrepientas.
Entonces comencé a confesar mis pecados a Dios. Eso duró aproximadamente una semana. Mientras tanto oí hablar de condenación, y eso me angustió mucho debido a todo el mal que había hecho… ¡No sería perdonado! Poco después volví a ver al cristiano que me había anunciado las buenas nuevas de salvación. Me dijo: Jesucristo fue crucificado por nuestros pecados, mas resucitó, y todo aquel que cree en él es perdonado y recibe gratuitamente la vida eterna… ¡De gozo no podía creerlo!
Al día siguiente, después de leer un pasaje de las Escrituras, oré y entregué mi vida al Señor. Por la fe me refugié en sus promesas divinas, especialmente en esta: “El que cree en mí, tiene vida eterna” (Juan 6:47). En ese momento nací de nuevo (cap. 3:7), es decir, comencé una nueva vida con el Señor Jesús en mi corazón. Sé que Dios es mi Padre y que nada me puede separar de él. Pasaré la eternidad con él, en una felicidad perfecta, en compañía de todos los que han puesto su confianza en Jesús, nuestro único Salvador».

Según P. Danis

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *