“Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo.” 2 Corintios 10:4-5
No batallamos contra carne ni sangre, por lo tanto, no necesitamos armas carnales, sino las que proporciona el poder de Jesús, en nosotros, en nuestro espíritu.
Su propósito celestial es lograr la destrucción de fortalezas que se oponen en nuestro caminar a Dios.
Nosotros somos nuestros peores enemigos. Nuestra mente es el peor enemigo de Dios, pero si nos humillamos y entregamos nuestra vida a Él, Él será nuestro mejor aliado.
La lucha del creyente comprende en poner diariamente todos nuestros pensamientos y acciones en línea con la voluntad de Jesucristo, nuestro Señor y Salvador.
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«Las batallas que debemos ganar”
https://www.youtube.com/watch?v=GrC0F3WnKG8&t=20s
No batallamos contra carne ni sangre, por lo tanto, no necesitamos armas carnales, sino las que proporciona el poder de Jesús, en nosotros, en nuestro espíritu.
Su propósito celestial es lograr la destrucción de fortalezas que se oponen en nuestro caminar a Dios.
Nosotros somos nuestros peores enemigos. Nuestra mente es el peor enemigo de Dios, pero si nos humillamos y entregamos nuestra vida a Él, Él será nuestro mejor aliado.
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