El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz; y a los
asentados en región de sombra de muerte, luz les resplandeció.
Mateo 4:16
(Jesús dijo:) Yo soy la luz del mundo.
Juan 8:12
De las tinieblas a la luz
Un habitante de la isla Nías, frente a Sumatra, habló del
cambio que les llevó el Evangelio de Jesucristo:
«Antes de ser alcanzados por el Evangelio, estábamos como
atascados en un pantano. Nos hundíamos cada vez más, a punto de perecer de
cuerpo y alma. Éramos depravados a causa de los vicios, estábamos carcomidos
por el continuo miedo a los malos espíritus y por el terror a la muerte.
Pero escuchamos hablar del Evangelio de Jesucristo. Él murió
y resucitó por nosotros. Quitó nuestra culpa y nos da, aquí y desde ahora, la
vida eterna».
Por su parte un camerunés recuerda cómo él y los de su
tribu, al caer la noche, temblaban a causa de los malos espíritus. Aun durante
el día no se sentían tranquilos. Sin embargo, la brillante luz del Evangelio
iluminó sus tinieblas y les llevó la libertad. Cuando por primera vez
recibieron el Nuevo Testamento en su propio idioma, exclamaron: ¡Ahora vamos a
ser fuertes, la Palabra de Dios nos va a fortalecer!
El que cree en el Hijo de Dios recibe el perdón que borra la
culpabilidad de toda una vida, la liberación de la influencia del pecado, de
los ritos obligatorios y de los miedos supersticiosos. Esta liberación es
efectiva y definitiva para cada creyente, sin importar su origen.
“Dando gracias al Padre… el cual nos ha librado de la
potestad de las tinieblas” (Colosenses 1:12-13).