Qué nos enseña el Salmo 119?

Bienaventurado el varón… que en la ley del Señor está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas.
Salmo 1:1-3
 
 
Salmo 119

Este es el más largo de todos los salmos; posee 176 versículos repartidos en 22 secciones. En el texto original hebreo, los 8 versículos de cada sección comienzan con la misma letra y cada sección sigue con otra letra, y esto en el orden alfabético. Un solo tema inspira todo el salmo: el elogio a la Palabra de Dios. He aquí algunos ejemplos, seguidos por las palabras que Jesús evocó en diferentes circunstancias, siendo él mismo la Palabra de Dios (Juan 1:14):

– “Nunca jamás me olvidaré de tus mandamientos, porque con ellos me has vivificado” (v. 93). La Palabra de Dios da la vida y la estimula. Jesús dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida” (Juan 14:6).

– “¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca” (v. 103). Ella es nuestro alimento espiritual, está llena de dulzura. “Yo soy el pan de vida” (Juan 6:35).

– “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino” (v. 105). Ella es nuestra guía, nuestra luz. “Yo soy la luz del mundo” (Juan 8:12).

– “¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra” (v. 9). Ella nos purifica. “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17:17).

– “Me regocijo en tu palabra como el que halla muchos despojos” (v. 162). Ella es nuestro gozo. “Que mi gozo esté en vosotros” (Juan 15:11).

– “¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación” (v. 97, 127). Ella nos atrae y nosotros la amamos. “El que me ama, mi palabra guardará” (Juan 14:23).

He aquí la pregunta que todo creyente debe hacerse:  guardo yo su Santa Palabra?

Responsables de nuestra elección

Responsables de nuestra elección
–Usted me cansa con su evangelio. No me hable más de eso.

–No le hablaré más de ello, solo tengo que decirle que no es mi evangelio, sino el “evangelio de Dios… acerca de su Hijo…” (Romanos 1:1-3). “Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháremos al que amonesta desde los cielos” (Hebreos 12:25).

–De todos modos, si Dios me manda al infierno, no estaré solo allí.

–No hable así. No es Dios quien lo envía a un lugar de tormentos. Al rechazar la salvación que él le ofrece gratuitamente, y para la cual fue necesario el sacrificio de su Hijo, es usted quien permanece en el camino que lleva a la perdición, acéptelo o no. Es cierto que allá no estará solo, pero ¿es ese su consuelo? En 1940 éramos un millón de prisioneros, pero eso no aliviaba mi situación. El enfermo que ingresa al hospital, ¿acaso siente alivio pensando que allí hay centenares de enfermos sufriendo?

Dios quiere salvar a todos los hombres, y Cristo murió por todos. Él manda a todos los hombres en todo lugar que se arrepientan. Pero no obliga a nadie. Él pone delante de usted el camino de la vida y el de la muerte. Usted debe escoger.

“Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos… ¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron” (Hebreos 2:1-3).

Buscando la verdadera vida

Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros.
Santiago 4:8
Buscad a Dios, y vivirá vuestro corazón.
Salmo 69:32

«Desde mi juventud me hacía muchas preguntas: ¿Por qué existimos? ¿A dónde vamos después de la muerte?
Entonces me puse a leer libros existencialistas que incitan a hacerse más preguntas, pero no ofrecen ninguna respuesta. Quise conocer otras religiones y llegué a vivir entre monjes budistas.
Finalmente, leyendo el Nuevo Testamento, me impresionó cada vez más la persona de Jesucristo. Primero por sus milagros, luego por su sabiduría, por el amor y la libertad de expresión con la que enfrentaba a los religiosos de su tiempo. Decidí, pues, leer toda la Biblia. Nadie influyó sobre mí. Lo decidí yo solo. De repente comprendí que no había otro camino fuera de Jesús. Dios me mostró que debía elegir, entonces quemé todos los demás libros religiosos que poseía. Pero aún permanecía turbado.
Oré a Dios: Haz algo por mí, Señor. Leí en tu libro que tenías discípulos. Si aún tienes algunos hoy, permite que encuentre aunque sea uno que me pueda ayudar.
No hablé con nadie, pero dos días más tarde, mientras hacía auto stop, un hombre me llevó en su carro y me dijo: Soy cristiano. Creo en el Señor Jesucristo. Él es mi Salvador… Y me anunció el Evangelio.
Feliz de ver que Dios había respondido mi oración, comprendí que él se interesaba por mí».
«En el transcurso del viaje le expliqué al cristiano, que tan gentilmente me llevó en su vehículo, que yo conocía un poco la Biblia pero que mis preguntas seguían sin respuesta. Entonces me citó algunos versículos de la Biblia, me habló del problema del pecado y me mostró claramente lo que me impedía encontrar el camino de la vida eterna: Entre tú y Dios hay un muro, es todo el mal que has hecho. Lo que Dios te pide es que te arrepientas.
Entonces comencé a confesar mis pecados a Dios. Eso duró aproximadamente una semana. Mientras tanto oí hablar de condenación, y eso me angustió mucho debido a todo el mal que había hecho… ¡No sería perdonado! Poco después volví a ver al cristiano que me había anunciado las buenas nuevas de salvación. Me dijo: Jesucristo fue crucificado por nuestros pecados, mas resucitó, y todo aquel que cree en él es perdonado y recibe gratuitamente la vida eterna… ¡De gozo no podía creerlo!
Al día siguiente, después de leer un pasaje de las Escrituras, oré y entregué mi vida al Señor. Por la fe me refugié en sus promesas divinas, especialmente en esta: “El que cree en mí, tiene vida eterna” (Juan 6:47). En ese momento nací de nuevo (cap. 3:7), es decir, comencé una nueva vida con el Señor Jesús en mi corazón. Sé que Dios es mi Padre y que nada me puede separar de él. Pasaré la eternidad con él, en una felicidad perfecta, en compañía de todos los que han puesto su confianza en Jesús, nuestro único Salvador».

Según P. Danis

¿Cuál es el origen de la Iglesia Católica?

Respuesta: La Iglesia Católica Romana sostiene que su origen se encuentra en la muerte, resurrección y ascensión de Jesucristo aproximadamente en el año 30 de nuestra era. La iglesia Católica se proclama a sí misma como la Iglesia por la que murió Jesucristo, la Iglesia que fue establecida y construida por los apóstoles. ¿Es ese realmente el origen de la Iglesia Católica? Por el contrario. Aún una lectura superficial del Nuevo Testamento revelará que la Iglesia Católica no tiene su origen en las enseñanzas de Jesús o Sus apóstoles. En el Nuevo Testamento, no hay mención del papado, la veneración o adoración de María (o de la inmaculada concepción de María, la perpetua virginidad de María, la ascensión de María, o María como co-redentora y mediadora), las peticiones a los santos en el cielo por su intercesión, la sucesión apostólica, las ordenanzas de la iglesia funcionando como sacramentos, el bautismo infantil, la confesión de pecados a un sacerdote, el purgatorio, las indulgencias, o la autoridad paralela de las tradición eclesiástica y la Escritura. Así que, si el origen de la Iglesia Católica no se encuentra en la enseñanzas de Jesús y Sus apóstoles, como están registradas en el Nuevo Testamento, ¿cuál es el verdadero origen de la Iglesia Católica?

Durante los primeros 280 años de la historia cristiana, la cristiandad fue prohibida por el imperio romano, y los cristianos fueron terriblemente perseguidos. Esto cambió después de la “conversión” del emperador romano Constantino. Constantino “legalizó” el cristianismo en el Edicto de Milán en el año 313. Después en el 325 d.C. Constantino convocó al Concilio de Nicea en un intento por unificar la cristiandad. Constantino visualizó el cristianismo como una religión que pudiera unir al Imperio Romano, el cual en ese tiempo comenzaba a fragmentarse y dividirse. Mientras esto hubiera parecido ser un desarrollo positivo para la iglesia cristiana, el resultado fue todo menos positivo. Al igual que Constantino se negó a adoptar de lleno la fe cristiana, sino que continuó con muchas de sus creencias y prácticas paganas; así también la iglesia cristiana que Constantino promovió era una mezcla del verdadero cristianismo con el paganismo romano.

Constantino descubrió que con la gran extensión del Imperio Romano, tan diverso y expansivo, no todos accederían a renunciar a sus creencias religiosas y abrazar el cristianismo en su lugar. Así que Constantino permitió, y aún promovió la “cristianización” de la creencias paganas. Y así, creencias completamente paganas y totalmente antibíblicas le dieron nuevas identidades al “cristianismo” Algunos claros ejemplos de ello son los siguientes:

(1) El Culto a Isis, una religión de la madre-diosa egipcia, fue absorbida dentro del cristianismo, reemplazando a Isis con María. Muchos de los títulos que fueron usados por Isis, tales como “Reina del cielo”, “Madre de Dios”, y “theotokos” (quien dio vida a Dios) fueron adjudicados a María. Se le concedió a María un exaltado papel en la fe cristiana, mucho más allá de lo que la Biblia describe de ella, para atraer a los adoradores de Isis a la fe, que de otro modo no hubieran adoptado. Las primeras claras señales de la Mariología católica ocurrieron en los escritos de Origen, quien vivió en Alejandría, Egipto, el cual resultaba ser el punto focal de la adoración a Isis.

(2) El Mitraísmo era una religión en el Imperio Romano del I hasta el V siglo d.C. Era muy popular entre los romanos, especialmente entre los soldados romanos, y posiblemente fue la religión de muchos emperadores romanos. Mientras que nunca se le concedió un estatus “oficial” al Mitraísmo en el Imperio Romano fue de hecho la religión oficial, hasta que Constantino y los siguientes emperadores romanos reemplazaron el Mitraísmo con el Cristianismo. Una de las características claves del Mitraísmo era una comida de sacrificio, la cual consistía en comer la carne y beber la sangre de un toro. Mitras, el dios del Mitraísmo, estaba “presente” en la carne y la sangre del toro, y cuando eran consumidas, se otorgaba la salvación a aquellos que tomaban parte en la comida del sacrificio. (teofagia, la práctica de comer el cuerpo de un dios). El Mitraísmo también tenía siete “sacramentos”, haciendo que las similitudes entre el Mitraísmo y el catolicismo Romano sean demasiadas para ser ignoradas. Constantino y sus sucesores fundaron un fácil substituto de la comida sacrificial del Mitraísmo en el concepto de la Cena del Señor / La Comunión Católica. Tristemente, algunos de los primeros cristianos comenzaron a añadir el misticismo a la Cena del Señor, rechazando el concepto bíblico de un simple acto de adoración y recordatorio de la muerte y derramamiento de sangre de Cristo. La romanización de la Cena del Señor hizo la transición a una consumación del sacrificio de Jesucristo, conocido ahora como la Misa Católica / la Eucaristía.

(3) La mayoría de los emperadores romanos (y ciudadanos) eran enotistas. Un enotista es alguien que cree en la existencia de muchos dioses, pero que tiene un enfoque primario en un dios en particular, o considera a un dios en particular como supremo sobre los otros dioses. Por ejemplo, el dios romano Júpiter, era supremo sobre el “panteón” (la totalidad de los dioses) romano. Los marinos romanos con frecuencia eran adoradores de Neptuno, el dios de los océanos. Cuando la Iglesia Católica absorbió el paganismo romano, simplemente reemplazó el “panteón” de dioses con los santos. Así como el panteón de dioses romanos tenía un dios del amor, un dios de la paz, un dios de la guerra, un dios de la fuerza, un dios de la sabiduría, etc., la Iglesia Católica tiene un santo que “está a cargo” de cada una de estas características, y existen muchas otras categorías. Igualmente, así como muchas ciudades romanas tenían un dios específico para la ciudad, también la Iglesia católica provee sus “santos patrones” para las ciudades.

(4) La supremacía del obispo romano (el papado), fue creado con la ayuda de los emperadores romanos. Siendo la ciudad de Roma el centro de gobierno del imperio romano, y con los emperadores romanos viviendo en Roma, la ciudad de Roma se levantó como preeminencia en todas la facetas de la vida. Constantino, y sus sucesores, dieron su apoyo al obispo de Roma como el supremo gobernante de la iglesia. Desde luego, era mejor para la unidad del imperio romano, que el gobernante y la sede de la religión se encontraran centrados en el mismo lugar. Mientras que muchos otros obispos (y cristianos) se resistieron a la idea de que hubiera un obispo romano supremo, eventualmente el obispo romano se elevó a la supremacía, a través del poder y la influencia de los emperadores romanos. Cuando el imperio romano se colapsó, los papas tomaron el título que previamente había pertenecido a los emperadores romanos – “Pontificus Maximus”.

Se pueden dar muchos otros ejemplos, pero estos cuatro pueden ser suficientes para demostrar el verdadero origen de la Iglesia Católica. Desde luego, la Iglesia Católica Romana niega el origen pagano de sus creencias y prácticas. La Iglesia Católica disfraza sus creencias paganas bajo capas de complicada teología. La Iglesia Católica excusa y niega su origen pagano tras la máscara de la “tradición eclesiástica”. Reconociendo que muchas de sus creencias y prácticas son totalmente ajenas a la Biblia; la Iglesia Católica está forzada a negar la autoridad y suficiencia de las Sagradas Escrituras.

El origen de la Iglesia Católica es el trágico compromiso del cristianismo con las religiones paganas que la rodeaban. En vez de proclamar el Evangelio y convertir a los paganos, la Iglesia Católica “cristianizó” las religiones paganas, y “paganizó” el cristianismo. Al mezclar las diferencias y borrar las características distintivas, si, la Iglesia Católica se hizo a sí misma atractiva a la gente del imperio romano. Uno de los resultados fue que la Iglesia Católica se convirtiera en la religión suprema en el “mundo romano” durante siglos. Sin embargo, otro resultado fue la más dominante forma de apostasía del cristianismo del verdadero Evangelio de Jesucristo y la verdadera proclamación de la Palabra de Dios.

2 Timoteo 4:3-4 declara, “Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.”

¿Qué dice la Biblia acerca del matrimonio gay o matrimonio entre personas del mismo sexo?

Respuesta: Aunque la Biblia habla del tema de la homosexualidad, no menciona explícitamente el matrimonio gay o matrimonio entre personas del mismo sexo. Sin embargo, es evidente que la Biblia condena la homosexualidad como un pecado inmoral y antinatural. Levítico 18:22 identifica el sexo homosexual como una abominación, un pecado detestable. Romanos 1:26 declara que los deseos y acciones homosexuales son vergonzosos, no naturales, lujuriosos e indecentes. La Primera Carta a los Corintios 6:9 afirma que los homosexuales son injustos y no heredarán el reino de Dios. Puesto que ambos los deseos y acciones homosexuales son condenados en la Biblia, es evidente que los homosexuales «casándose» no es la voluntad de Dios, y sería, de hecho, pecaminoso.

Cuando la Biblia menciona el matrimonio, es entre un hombre y una mujer. La primera mención del matrimonio, Génesis 2:24, lo describe como un hombre dejando a sus padres, y uniéndose a su esposa. En pasajes que contienen instrucciones sobre el matrimonio, como por ejemplo, 1 Corintios 7:2-16 y Efesios 5:23-33, la Biblia identifica claramente el matrimonio entre un hombre y una mujer. Bíblicamente hablando, el matrimonio es la unión de por vida de un hombre y una mujer, principalmente con la finalidad de crear una familia y proporcionar un entorno estable para la familia.

La Biblia, sin embargo, no tiene que ser utilizada únicamente para demostrar este entendimiento del matrimonio. La definición bíblica del matrimonio ha sido la comprensión universal del matrimonio en toda civilización humana en la historia del mundo. La historia argumenta en contra de los matrimonios gay. La psicología secular moderna reconoce que los hombres y las mujeres son psicológicamente y emocionalmente diseñados para complementar el uno al otro. Por lo que se refiere a la familia, los psicólogos sostienen que la unión entre un hombre y una mujer en la que ambos cónyuges son buenos modelos de papeles de género es el mejor ambiente en el que criar a niños equilibrados y bien ajustados. La psicología argumenta en contra de los matrimonios gay. En la naturaleza, es decir, el aspecto físico, claramente, los hombres y las mujeres fueron diseñados para «encajar» sexualmente. Con el propósito «natural» de la relación sexual siendo la procreación, está claro que sólo una relación sexual entre un hombre y una mujer puede cumplir con este propósito. La naturaleza argumenta en contra de los matrimonios homosexuales.

Por lo tanto, si la Biblia, la historia, la psicología, y la naturaleza argumentan para el matrimonio entre un hombre y una mujer, ¿por qué hay tanta controversia hoy en día? ¿Por qué son etiquetados como fanáticos intolerantes y odiosos los que se oponen al matrimonio gay o matrimonio entre personas del mismo sexo, no importa cuán respetuosamente se presente la oposición? ¿Por qué los del movimiento por los derechos gay están exigiendo tan agresivamente para el matrimonio homosexual, cuando la mayoría de las personas, religiosas y no religiosas, apoyan, o al menos son mucho menos opuestos, a que las parejas homosexuales tengan los mismos derechos legales que las parejas casadas con alguna forma de unión civil?

La respuesta, según la Biblia, es que todo el mundo sabe inherentemente que la homosexualidad es inmoral y antinatural, y la única manera de acabar con este conocimiento es por normalizar la homosexualidad, y atacar cualquier y toda oposición a ella. La mejor manera de normalizar la homosexualidad es colocando el matrimonio entre personas del mismo sexo en un plano de igualdad con el matrimonio tradicional de género opuesto. Romanos 1:18 ilustra esto. La verdad es conocida porque Dios la ha dejado clara. La verdad es rechazada y sustituida por una mentira. La mentira es promovida y la verdad reprimida y atacada. La vehemencia y la ira expresadas por muchos en el movimiento de los derechos de los homosexuales a cualquier persona que se opone a ellos es, en efecto, una indicación de que saben que su posición es indefendible. Tratando de superar una posición débil por levantar la voz es el truco más antiguo en el debate. Tal vez no haya descripción más exacta del programa moderno de los derechos gay que la que vemos en Romanos 1:31; ”son desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia.»

Dar sanción al matrimonio homosexual sería dar aprobación para el estilo de vida homosexual, que la Biblia condena clara y consistentemente como pecaminoso. Los cristianos deben oponerse con firmeza a la idea del matrimonio gay o matrimonio de personas del mismo sexo. Además, hay argumentos fuertes y lógicos contra el matrimonio homosexual dentro de contextos completamente separados de la Biblia. Uno no tiene que ser un cristiano evangélico para reconocer que el matrimonio es entre un hombre y una mujer.

Según la Biblia, el matrimonio es ordenado por Dios a ser entre un hombre y una mujer (Génesis 2:21-24; Mateo 19:4-6). El matrimonio gay o matrimonio entre personas del mismo sexo es una perversión de la institución del matrimonio y una ofensa al Dios que creó el matrimonio. Como cristianos, no debemos tolerar o ignorar el pecado. Más bien, debemos compartir el amor de Dios y el perdón de los pecados que está a disposición de todos, incluidos los homosexuales, a través de Jesucristo. Hemos de hablar la verdad en amor (Efesios 4:15) y defender la verdad con «mansedumbre y reverencia» (1 Pedro 3:15). Como cristianos, cuando defendemos la verdad y el resultado es ataques personales, insultos, y persecución, debemos recordar las palabras de Jesús: «Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece.» (Juan 15:18-19).

¿Qué constituye un matrimonio de acuerdo con la Biblia?

Respuesta: Esta es una pregunta difícil de responder, porque la Biblia en ninguna parte establece explícitamente en qué punto Dios considera a una pareja como casados. Existen tres opiniones comunes. (1) Dios sólo considera a una pareja como un matrimonio, cuando están legalmente casados. (2) Una pareja está casada a los ojos de Dios, cuando han cumplido con alguna clase de ceremonia formal de matrimonio. (3) Dios considera a una pareja como casados, al momento en que el matrimonio es consumado en la relación sexual. Veamos cada uno de estos tres puntos de vista y consideremos la solidez e inconsistencia que tiene cada una de ellas.

(1) Dios sólo considera a una pareja como un matrimonio, cuando están legalmente casados. El soporte escritural usualmente otorgado a esta opinión está en los versos que aconsejan sujeción al gobierno (Romanos 13:1-7; 1 Pedro 2:17). El argumento es que si el gobierno requiere que cierto “papeleo” sea realizado antes de que un matrimonio sea reconocido como tal, la pareja debe someterse al gobierno, en tanto los requerimientos sean razonables y no contradigan la Palabra de Dios. Romanos 13:1-2 nos dice: “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos”. Aquí vemos que el someterse a las autoridades gubernamentales que requieren una licencia, es un mandato bíblico.

Hay alguna inconsistencia y problemas potenciales con esta opinión. Primero, hubo matrimonios antes que cualquier gobierno fuera organizado. Por miles de años, la gente se casó sin cosas tales como una licencia matrimonial. Segundo, aún hoy, hay algunos países que no tienen un reconocimiento gubernamental del matrimonio y/o requerimientos legales para el mismo. Tercero, hay algunos gobiernos que establecen requerimientos anti-bíblicos sobre el matrimonio, antes de que éste sea legalmente reconocido. Por ejemplo, hay países donde se requiere que una boda sea realizada en una Iglesia Católica, de acuerdo a las enseñanzas católicas, y celebrada por un sacerdote católico. Obviamente para aquellos que tienen serios desacuerdos con la Iglesia Católica, incluyendo la creencia sacramental católica del matrimonio, resultaría anti-bíblico someterse al casamiento en la Iglesia Católica.

(2) Una pareja está casada a los ojos de Dios, cuando ha cumplido con cierta clase de ceremonia matrimonial. Similarmente a la manera en que en muchas culturas un padre da a su hija en matrimonio, algunos intérpretes lo entienden como si Dios trajera a Eva ante Adán (Génesis 2:22) del mismo modo como Dios ofició la primera “ceremonia” matrimonial. En Juan capítulo 2, vemos que Jesús asistió a una ceremonia matrimonial. Jesús no hubiera asistido a tal evento si Él no aprobara lo que en el ocurría. El hecho de que Jesús asistiera a una ceremonia nupcial, de ninguna manera indica que Dios requiera de una ceremonia matrimonial, sino que más bien indica que una ceremonia matrimonial es aceptable a los ojos de Dios. Casi todas las culturas en la historia de la humanidad han tenido alguna clase de ceremonia matrimonial formal. A través de la historia del mundo, y casi en todas las principales civilizaciones de la humanidad, algo tiene lugar, cosas tales como un evento, acción, pacto o proclamación, que es culturalmente reconocido para declarar que un hombre y una mujer están casados.

(3) Dios considera que una pareja está casada al momento en que el matrimonio es consumado en la relación sexual. Algunos argumentan que si cualquier hombre y una mujer tienen sexo, Dios considera que los dos están casados. Tal opinión carece de bases bíblicas. Las bases para este argumento es el hecho de que la relación sexual entre esposo y esposa es el máximo cumplimiento del principio de “una sola carne” (Génesis 2:24; Mateo 19:5; Efesios 5:31). En este sentido, la relación sexual es el “sello” final de un pacto matrimonial. Sin embargo, si una pareja está legal y ceremonialmente casada, pero por alguna razón es incapaz de comprometerse en una relación sexual, eso no significa que no se les considere como casados.

No es bíblico declarar que una pareja que ha tenido relaciones sexuales, pero que no ha observado ninguno de los otros aspectos del pacto matrimonial, esté casada. Escrituras tales como 1 Corintios 7:2, indican que el sexo antes del matrimonio es inmoral. Si la relación sexual se tomara como el matrimonio de una pareja, ésta no podría ser considerada inmoral, puesto que la pareja estaría considerada como casada al momento en que se involucró en una relación sexual. No hay absolutamente ninguna base bíblica para que una pareja que tenga sexo sin estar casada, pueda declararse a sí misma como casada, y por lo tanto declarar que sus relaciones sexuales sean morales y honren a Dios.

Así que, ¿que constituye un matrimonio a los ojos de Dios? Parecería que los siguientes principios deberán seguirse. (1) En tanto que los requerimientos sean razonables y no sean contrarios a la Biblia, una pareja deberá buscar cualquiera que sea el reconocimiento gubernamental que esté en vigor. (2) Una pareja deberá seguir cualquiera de las prácticas culturales y familiares empleadas típicamente para reconocer a una pareja como “oficialmente casada” (3) Si es posible, una pareja deberá consumar el matrimonio, cumpliendo el aspecto físico del principio de “una sola carne”.

¿Qué sucede si uno o más de estos principios no son cumplidos? ¿Se puede considerar aun así a una pareja como casada a los ojos de Dios? A última instancia, eso es entre la pareja y Dios. Dios conoce nuestros corazones (1 Juan 3:20). Dios conoce la diferencia entre un verdadero pacto matrimonial y un intento de explicar, o justificar la inmoralidad sexual.